martes, 11 de octubre de 2011

La juventud de hoy.


LA CONDICIÓN JOVEN HOY 

Si hablamos ya de jóvenes, podemos considerar algunas de sus características dominantes, producto en gran medida de los contextos sociales en los que se producen. Sin olvidar en ningún momento su diversidad, podemos destacar algunas de sus grandes características.

Jóvenes del tercer milenio

En una sociedad en profundo cambio, lo primero que debemos destacar es que gran parte de las formas de ser joven hoy (identidades, actitudes, comportamientos, etc.) son muy diferentes de las de los años 70 y 80. Estos cambios han hecho incluso que las diferentes teorizaciones sobre la juventud hayan sufrido cambios y confrontaciones.

Para algunos estudiosos del tema se había puesto antes un excesivo énfasis en la


consideración de la juventud como periodo de transición, como recorrido hacia la vida adulta. Ahora, se ha pasado a insistir en la juventud como una etapa vital con sentido en sí misma. Ser joven es ser joven y no intentar ir acercándose hacia la vida adulta.

De una manera u otra, la juventud actual sigue siendo un conjunto de años en los que se dan procesos para adquirir un puesto en la sociedad y para emanciparse del núcleo familiar. La juventud es un proceso de emancipación y autonomía con respecto al mundo familiar y al mundo del trabajo. Las condiciones en las que éste se produzca condicionan las formas de ser joven. Esas condiciones han cambiado en los últimos años y los procesos se han hecho más lentos y complejos.
 
La primera constatación a hacer es la de que el grupo joven está perdiendo peso y su posición social se está debilitando. La caída de la natalidad que se inició en las décadas anteriores se nota ya en las edades jóvenes y se agudizará en los próximos años. No sólo cada vez hay menos jóvenes, sino que su peso, en una sociedad envejecida, cada vez es menor.

En Cataluña, desde donde escribo, por ejemplo, los jóvenes (15-29) son en la actualidad un 23 %, pero en el 2010 serán ya sólo el 14 %, menos todavía unos años después. La reducción del volumen y del peso relativo, conduce poco a poco a sociedades que restan importancia a ocuparse de los jóvenes y, por lo tanto a diseñar política adecuadas para ellos y ellas.

En precariedad continua

Una parte de las grandes trasformaciones producidas en los últimos años en la realidad de los jóvenes tiene que ver con los cambios producidos en el mundo del trabajo. Ya no se da aquella vieja situación de los años 60 y 70 en la que se distinguían fundamentalmente dos tipos de trayectorias laborales: las de los jóvenes de las clases medias que podían aplazar su incorporación laboral y las de los jóvenes obreros que forzosamente experimentaban una presión para incorporarse con rapidez. En la actualidad con procesos de larga duración para todos y todas, predominan secuencias mucho más desestructuradas, con crisis y tensiones, o secuencias de aproximaciones y tanteos sucesivos.

En este sentido, los jóvenes no son otra cosa que el sector más afectado por los cambios que se han producido en las relaciones laborales, hoy marcadas por la precariedad y la discontinuidad. Los jóvenes actuales siguen teniendo mayores tasas de desocupación (el doble) que las personas adultas y, cuando consiguen trabajo, su relación laboral está marcada por:

- La inseguridad sobre su continuidad en el trabajo (el 55% de los asalariados son temporales
(1) y dos terceras partes de los ocupados llevan menos de un año en su trabajo). La relación contractual es por lo tanto muy débil y difícilmente pueden plantearse reivindicaciones o protestas.
- Los ingresos son muy bajos (los que ganan 140.000 Pts. o más son escasamente una cuarta parte).
- La protección social que reciben es muy escasa, de tal manera que muy pocos cuentan con prestaciones por desocupación. 

Llenos de estudios pero viviendo con la familia 

Esta situación laboral se produce curiosamente cuando la sociedad española tiene la generación de jóvenes con más años de estudio que nunca. Entre los jóvenes de 25 a 29 años hay el doble de titulados universitarios que entre los adultos. Por cada persona adulta activa hay cinco jóvenes de más de 20 años que han cursado estudios secundarios. Las ocupaciones de los jóvenes no reflejan su formación. 

Las relaciones entre formación y ocupación han cambiado. Las titulaciones no sirven directamente para ocuparse, pero acaban actuando de mecanismo de selección ya que para cualquier trabajo suponen un filtro que elimina a los menos preparados.

Para hacer de bombero no se necesita título universitario pero los que lo tiene acceden con mayor facilidad que los que no lo poseen. A la inversa, la baja formación y la nula titulación sí que son mecanismos segregadores. Los jóvenes que se encuentran en esa situación están más desocupados y con trabajos en peores condiciones. En general, los jóvenes actuales, a pesar de estar más formados, no promocionarán socialmente más que sus padres. 

Esta situación ha tenido un fuerte impacto sobre los procesos de emancipación. Entre el 70 y el 80% de los chicos y chicas jóvenes sigue viviendo en el hogar de origen (todavía más de la mitad entre los 25 y los 29). Sólo falta añadir las dificultades para acceder a la vivienda para que esta situación se refuerce. Felices pero día a día  Todo esto no quiere decir que los chicos y chicas jóvenes actuales vivan en tensión o dominados por las tensiones. En casi todas las encuestas aparece que una gran mayoría de ellos y ellas vive su situación como satisfactoria o buena. Pero ha supuesto grandes trasformaciones en otros aspectos. La emancipación no es el objetivo prioritario y aparecen nuevos intereses, nuevas centralidades para la vida, nuevos comportamientos. 

El trabajo ha dejado de ser el centro y por lo tanto el eje a partir del cual se construye la identidad. Los amigos, el tiempo libre o incluso la familia lo han substituido. Actúan, viven y son mucho más en función de los tiempos de ocio que de las actividades laborales. Trabajar incluso tiene ya, para muchos, otra finalidad: obtener recursos para poder pasárselo bien. La identidad pasa ya mucho más por el ocio y el consumo. 

No se trata de que todos y todas se hayan vuelto materialistas, ya que es entre la población joven actual donde pueden encontrarse mayor presencia de valores que tienen que ver con lo no material: las relaciones humanas, los afectos, la solidaridad concreta. Pero también ha supuesto la modificación de los comportamientos en relación con el tiempo. 

Ha aparecido el "presentismo" como forma de vivir sin pensar en un futuro difícil de pensar y planificar. Se trataría de la versión juvenil de las culturas de la supervivencia, propias de los grupos sociales que siempre han vivido inmersos en la precariedad económica y cerca de las situaciones de exclusión. Han aprendido y aceptado que debe vivirse al día (muchos jóvenes que no saben nada del latín entienden y usan la frase "carpe diem"). 

Es en ese contexto donde cobran sentido la mayoría de sus comportamientos, sean o no problemáticos. Desde la conducta sexual a los diferentes usos de drogas, desde la movida del fin de semana a los diferentes estilos de vida o las culturas y tribus juveniles. La diversidad de trayectorias, su alargamiento, su precariedad y sus riesgos, el largo tiempo dedicado a hacer de estudiantes, las dificultades para la emancipación, etc., resitúan las formas de ser joven, desplazan la satisfacción a otros ámbitos de la vida. 

Todavía desiguales
 

En este resumen parcial, me queda por destacar todavía las diferencias. He comenzado recordándolas y acabo revisándolas. 

Después de tener en cuenta las edades, hay que tener en cuenta el territorio. La juventud no está distribuida uniformemente, se da una mayor concentración urbana, en determinadas periferias de las grandes ciudades y es muy diversa dentro de cada barrio o pueblo. Pero hay dos grandes diferencias que tienen todavía un peso determinante: el sexo y la condición socioeconómica. 

Aunque la realidad de las chicas jóvenes es muy diferente a la de las mujeres adultas, su posición en relación con los chicos de la misma edad sigue estando discriminada. Por cada mujer adulta ocupada hay dos jóvenes ocupadas. Además su nivel de incorporación a los estudios no sólo ha aumentado espectacularmente sino que ha superado hace tiempo al de los chicos. Hoy hay más tituladas que titulados superiores, más chicas que chicos con estudios secundarios y, de promedio, las chicas jóvenes han estudiado al menos un año más que los chicos. 

Pero, a pesar de su mayor formación, su situación en el mercado laboral es más precaria: les afecta más el paro, la temporalidad y las bajas condiciones económicas (salvo en algunos niveles técnicos donde ya están superando al número de chicos ocupados). Las tasas de emancipación parecen ser algo mayores, aunque es muy posible que no sea otra cosa que un paso de la de dependencia familiar de origen a una nueva dependencia de pareja. 

Las condiciones sociales de origen siguen siendo también un fuerte factor de diferenciación entre los jóvenes. Estudiar más años, acceder a los estudios universitarios, sigue dependiendo de las condiciones sociales de la familia. Por cada hijo o hija de trabajadores que está en la universidad hay cuatro de las clases medias o profesionales. Por eso las formas de acceder al mercado laboral, el tipo de trayectorias de inserción y de emancipación dependerán de las condiciones socioeconómicas del grupo familiar. 

A pesar de la precariedad laboral, muchos jóvenes de categorías o de clases socioeconómicas bajas, no diré ya de los grupos marginales o en proceso de exclusión, se ven empujados a entrar en el mercado laboral de cualquier manera. No pueden depender, vivir totalmente a expensas de su grupo familiar. Aún siendo adolescentes o jóvenes como sus colegas de edad no pueden ejercerlo de la misma manera, no tienen la misma cantidad de tiempo para intentarlo. Para muchos los itinerarios serán complicados y a menudo erráticos durante mucho tiempo.

La Realidad de los Jóvenes de Hoy
“Muchos jóvenes son víctimas del empobrecimiento y de la marginación social, de la falta de empleo, de una educación que no responde a las exigencias de la vida, del narcotráfico, de la guerrilla, de las pandillas, de la prostitución, del alcoholismo, de abusos sexuales”. Muchos jóvenes viven adormecidos por la propaganda de los medios de comunicación social y además por imposiciones culturales y por el progmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas en la moderación efectiva de los adolescentes y jóvenes.

Esta nueva visión del mundo de hoy, que quiere imponer el imperio del “Yo soy por lo que tengo”, tener poder, saber, aspiraciones, progreso, son dimensiones del ser persona; pero el ser persona trasciende de todo esto, ya que eso es relativo y el hombre y la mujer tiendan a lo absoluto. A veces creemos que la codicia se refiere solo a dinero, tener cosas, pero en muchos corazones hay almacenes de codicias de sexo, de admiración, de prestigio, de ser mayor, ser mejor que el otro u otra, tener conocimientos, que lo prefieran. Esto va creando en nosotros y nosotras un mundo de competencia de consumo, de insatisfacción, de inmoralidad y de corrupción.



La juventud en la actualidad: 

La juventud de hoy debe hacer un alto y reflexionar. Adoptar una actitud más agresiva y a ponerse a que lo estén usando como objetos y alienándose con modas, propagandas baratas de consumo, que manipulan y crean necesidades artificiales, cuando no decide con equilibrio que es lo mejor para él o ella. La juventud de hoy no puede ni debe ser pájaro encerrado en una jaula sin esfuerzo, sin ilusiones, sin expectativas, tiene que abrir sus alas y volar, en un cielo limpio y lleno de esperanza.


La Juventud tiene derecho a una sociedad mejor:

La etapa de la juventud está cargada de interrogantes vitales y presenta el desafío de tener un proyecto de vida, personal y comunitaria. Un proyecto que dé sentido a su vida; que no la deje caer en un valor existencial, sino que le permita lograr a plenitud su realización como persona. La juventud cuestiona todo, tiene un espíritu de riesgo, de valentía y una capacidad creativa para responder a los cambios y exigencias del mundo en que vive.
Ella aspira a mejorar siempre como signo de esperanza, gozo y felicidad. Además, es muy sensible a los problemas sociales y exige autenticidad y veracidad. Rechaza con rebeldía una sociedad invadida por la hipocresía y los antivalores. Pero con sentimientos de dolor, podemos afirmar que nuestra sociedad actual está muy lejos de ser la sociedad en que tienen derecho a vivir él y la joven de hoy. Actualmente, son muchos los y las jóvenes que son víctima de:

La informática dentro de la sociedad

Es innegable el protagonismo de la Tecnología de la Información en la sociedad actual.

La relevancia de Internet es un gran ejemplo de la penetración exponencial de un ámbito que abarca tanto el sector empresarial como el doméstico.
Actualmente, prácticamente cualquier proceso o protocolo corporativo implica una infraestructura informática en la sombra que sirve de base en la que apoyarse.
 
Las ventajas de esta incorporación en la competitividad de la Empresa resultan obvios:
Optimización de los recursos.
Menor coste productivo.
Simplificación de los procesos.
Permite aunar sinergias colaborativas entre departamentos.

Como es lógico, el hecho de que estos procesos recaigan sobre un sistema informático conlleva una gran responsabilidad sobre la infraestructura. Un corte en un servicio puede paralizar prácticamente la actividad empresarial, ocasionando pérdidas en el volumen de negocio y afectando negativamente a la competitividad en el mercado. Y nadie se salva, ni siquiera el omnipresente Google.
Es por ello que la Informática, como concepto global, tiene forzosamente una gran responsabilidad dentro del conjunto de la sociedad contemporánea.
Y los profesionales del sector debemos ser conscientes de nuestra obligada dedicación y servicio constante a ésta.
No obstante, nuestra posición implica una especie de anonimato dentro del entramado económico. Los sistemas son complejos para un no profesional, además de costosos; y normalmente nadie se acuerda de ellos hasta que fallan y se desata la crisis.
Así pues el departamento de Sistemas de Información de una Empresa típica es tratado como un coste que lastra las cuentas sin tener en cuenta los beneficios que aportan sus servicios.
A pesar de todo lo anterior, nadie duda que éste es un sector de gran valor productivo y económico. Existen grandes compañías del sector entre las mayores del planeta.
Además, en estos tiempos de crisis, este sector tiene una poderoso argumento: el software abierto. Esta característica poco explotada tiene la peculiaridad de no sólo ahorrar en infraestructura, si no de generar riqueza local. Un software que uno mismo puede modificar implica oferta de empresas próximas que ofrezcan adaptar las diferentes soluciones a las necesidades concretas de cada cliente.
El dinero no se gastan en costosas y limitativas licencias extranjeras, si no que puede reinvertirse en la sociedad local generando empleo y conocimiento.
Resumiendo pues, existe una simbiosis entre Sociedad e Informática, que es responsabilidad de ambos, e igualmente beneficiosa para las partes.